enelmarmilnovecientosnoventayseis
EL HORROR
Tiene el pelo muy brillante, un ojito casi abierto y en la boca una sonrisa llena de picardía. A mi lado está un amigo, que me entrega llorando sus medallas. La Milagrosa, su crucecita de plata y otras Vírgenes que siempre anuncian su llegada. Ya no más tintineo de medallas. El novio ha muerto. Como un milagro, nunca más una gota de mi sangre corriendo por mis piernas, como un milagro siento los latidos en mi cuerpo de ese niño tan soñado por los dos, como un milagro. Papá me sostiene en mi grito ronco, mi grito largo, mi hondura, mi caída hacia el vacío. Está su cuerpo cubierto con una sábana blanca y me dicen que se le enredó el máuser en un alambrado. No me importa, nunca voy a saber dónde está el orificio. Me detengo sólo en su boca, en su pelo, en sus ojitos que aún semicerrados ríen. Me detengo en sus manazas tan quietas, tan enormes, en sus uñas limpias en sus orejas estupendas, me hundo en su cuerpo, me dejo caer entre sus brazos, me doblo de ira y desamparo, me trizo, me vuelvo completamente loca, ciega, sorda.
Estoy hamacándome sentada en el jardín de mi infancia, sólo me acuno perdida en la inconciencia, en una nube de horror y abrazada a ese vientre tan joven que sabe contener a mi nuevo hijo. No dejo de acunarme y mis ojos desfigurados por las lágrimas ya no ven, solo recuerdan el sentido de la vida, y preguntan y preguntas van y vienen sin respuestas, no sé quién soy, no sé adónde iré no sé el tono de este desafío tan perverso que me está partiendo el alma, no sé en qué silencios voy a escurrirme, no sé en qué lugar se ha escondido la vida, en qué agujero negro se escondió para siempre el Novio, mi amoroso tesoro, mi trajinado amor, mi hombre, el que supo quererme hasta el final. Sólo me hamaco, me hamaco sobre mí una y otra vez, me acuno, quiero volver a ser nonato, estrella, luces en esta sombra horrorosa en la que no sé cómo ni con qué volver a iluminar. Una y otra vez, y sigo con mi culpa a cuestas, la culpa de no haber salido a despedirlo en el zaguán, de haberlo dejado solo, la culpa que se agranda y ensucia todo lo que toco, lo que muero, lo que rabio, lo que cuelan mis entrañas. Nunca más él me va a tocar, nunca podrá verme, nunca sus manos, su pelo, sus pies entre mis sueños, pesadillas son mis sueños. No logro el descanso y odio a todo el que quiera llevarme un consuelo, odio ese verano, odio la Navidad y me escurro a María Reina sola con mi hijita para no ver ni el pino ni sentir el repique de las campanas de mi Iglesia, ni las risas, ni las benditas comilonas, estoy completamente ida de mí, y desembarco en algo tan desconocido que podría desaparecer de mí misma sin despedida alguna, como un ánima voy, como un ánima que arrasa con todo, voy yendo, carcomida mi alma, carcoma de pena, horror de huesos que se pudren horror de cementerios tan abandonados de vida, desconcierto de gusanos, larvas, uñas que crecen, bajo esa tierra horrible que me lo ha robado. Nunca más podré extirpar ese dolor, como una fiebre eterna, una invisible serpiente que me ahoga, vasoconstrictora es mi pena. Vagabundeo entre mis días lentos, espío la cancel, y cada uno que llega, atrapo un pequeño resto de esperanza, como que esa pesadilla no me ha dejado aún, despierta. Por el resto de mi vida, seguiré desvelada escuchando el sonido del teléfono, que anuncia la muerte, por el resto de mi existencia he de negarme a ser amada y amar a alguien para siempre. Andaré escurriéndole al amor, a la trampa del amor, al «Para siempre», andaré como un lingera, extendiendo estas manos que supieron estar tan acariciantes y correspondidas, como un druida andaré, como los muertos vivos, nunca más confiaré en alguien que me diga que te quiero mucho, a la mierda con esa basura eterna, andaré almizcle y pan duro, hemorragia eterna, sangre, sangre de agua donde ya no queda sangre, brasita apagada como cuando la nieve la escarcha, sacando ortigas de mi entraña, subiéndome a todas las montañas rusas mareada, LOCA, siempre iré LOCA por la vida. El Novio se acaba de llevar mi sustento: EL ALMA/
Desando, agrieto, escupo negro, hollín escupo, sin una gota de sangre está mi cuerpo, anémico, blanco, transparente, ni tan sol ese verano en la pileta de la infancia, y mi niña que lo busca y llora, y mi dulce niña que lo extraña, y es todo lo que tengo para no pegarme un tiro, y dormir para siempre junto a él, en esa tumba horrible que deseo abrir con mis uñas, escarbar en su entraña espantosa, forjarme otra vez niña mimada, tan niña, tan amada... mientras mi vientre redondea y siento que él está conmigo, en ese espacio sereno, donde crece la brisa, no este viento despojado y furioso que soy, viento del norte soy, vendaval de oscuridades soy, y mi dulce niña, con sus ojitos claros tan vueltos llanto, que pregunta y pregunta y pregunta... Pierdo casas, ríos, montañas, pierdo la calma, pierdo la energía que supo conquistar al mundo que me pertenecía porque yo lo había ganado con mi risa.
Y cada música que lloro me recuerda alegre, y cada canción que canto en mi guitarra cada vez más triste y cada beso de amor que espío, clava. No más besos de amor para nadie, me digo. Y las noches, hay con las noches y sus fantasmas, hay cuánto daría por morirme ahora que puedo morirme de pena, porque después bien sé yo que la vida envuelve como telaraña, y nos volvemos humanos, y vuelve el tono, y ya no podré morirme. Hay, esas noches con mi padre, tan compañero en mis noches, y esa madre tan entera tan abarcativa en el dolor tan sin de novela. Quién soy, Hija o Madre? Todo se confunde y por la mañana no puedo levantar mi cuerpo de esa cama que supo del abrazo, de los besos con trampa de saliva, de los cuentos de terror en la montaña, no puedo, y mi niña que reclama y yo no puedo, y no hay dolor más grande que este mi dolor y no hay locura mas enajenada que la mía, y hay un vacío como correr por los sueños, y no hay más que este odio que cercena todo lo que toco, lo que hablo, lo que pienso...
No voy a curarme nunca, ahí quedaré, prensada en esa que soy dos, mitad niña, mitad vieja, mitad agua, mitad tierra, mansa espina de la rosa, quieta, aterida aterrada.
El Novio me ha hecho una trampa espantosa, y quedaré para siempre entrampada.
Quiero recordar su voz, su risa, sus olores, cada dedo de sus pies, cada uno de sus dientes y no puedo.
Hubo noches que dormido, su cuerpo manso era mi alegría. Mirarlo dormido, recorrer cada hueco, cada pliegue, sin que él se despertara, ahora no va a despertar jamás y como un fantasma siento que me vigila y se hunde conmigo en el más hondo de los vacíos, donde las palabras mueren y los sentidos no alcanzan para descifrar la pena y el tormento.
El se ha ido a otro lugar, un lugar que no conozco un lugar que ni tan siquiera es lugar. Mi Dios, ese que tanto amo, me asiste siempre, de no ser por esa fe de que más allá hay un hamacarse en paz, yo no hubiera resistido, aunque se muy bien que siempre está clavando y hartando y su espina va a ser siempre mi espina, y alguna vez no tendré más un puto consuelo, y como Rilke, moriré rosa espinada, me clavaré el pulgón de la rosa más rosada y daré fin a esta parodia de ir por la vida sumando creyentes de mi risa, yo, que morí de pena un día de noviembre. Asomo en el vacío y el vacío se va llenando de manchas oscuras como mis pensamientos, clava, hiere, trisa, hunde, muele, carcajada de boca sin dientes, muerte, sos tan horrible que puedo matarte, muerte.
unasombradepenaseré
2004